Acerca de una antología de ciencia ficción finlandesa

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Luces del norte: antología de la ciencia ficción finlandesa (Osuuskumma International, 2016), editado por Magdalena Hai y Anne Leinonen es una propuesta interesante y novedosa para acercarse, en castellano, a la ciencia ficción y la fantasía de Finlandia. El que podamos acercanos a esa literatura también es gracias a un grupo de traductores: Tanya Tynjala, Yasna Bravo, Sergio Prudant Vilches, Outi Korhonen, Clara Petrozzi y Laura Villella. Por todo el esfuerzo de editores y traductores es que es posible encontrar nueve cuentos, una buena parte de ellos escritos, por otro lado, por mujeres.

Luces del norte: antología de la ciencia ficción finlandesa reúne, de este modo, un conjunto de cuentos que, de acuerdo con las editoras, Hai y Leinonen, están dentro del steampunk, subgénero de la ciencia ficción que mezcla tiempo y tecnologías, es decir, una forma literaria de especulación retrofuturista. Quizá habría que extender más la nominación de lo que nos topamos en este libro que va hasta la fantasía, porque no todos los cuentos son necesariamente de ciencia ficción en sentido estricto de la palabra, sino que algunos dialogan más con la estética de lo ya señalado: la fantasía donde, distinto a enfocarse en mundos donde priman tecnologías, las tramas envuelven mundos que pueden estar dominados por lo mágico o lo trascendente.

El libro de Hai y Leinonen, de acuerdo con lo anterior, presenta un abanico de historias que nos transportan a mundos posibles de notable riqueza. Una impresión general que se tiene es que hay una tensión entre mundos y vidas coloridas por la naturaleza, por el medioambiente, por lo ecológico, con aquellos en los que inminentemente pesa alguna determinación tecnocientífica. Lo interesante de este “aire” es eso: una ciencia ficción y una fantasía finlandesa que nos llevan a imaginar el bosque, las culturas que aún luchan por sobrevivir a sabiendas que hay un paso amenazante de lo moderno, de lo urbano, de lo industrial.

De los cuentos de ciencia ficción, “La novia fría” de Magdalena Hai, es la que nos pone en un mundo steampunk. Se trata de “reelaborar” una mujer que ha muerto, a partir de sus partes, siendo las causas objeto de conjeturas. El dolor de la familia y amigos si bien son connaturales, eso no evita al deseo de recuperarla, aunque sea robóticamente. Recuperar todo de un cuerpo muerto es una tarea acaso imposible, acaso terrible, juntando lo que se puede en un nuevo cuerpo. Sin embargo, el problema está en que al recuperar el cuerpo, este conlleva el recuerdo de la razón de la muerte. Con ello Hai nos pone en la línea de Frankenstein: el moderno prometeo (1818) de Mary Shelley, con la posibilidad de la vuelta a la vida de un cuerpo muerto, pero también dialoga con esa vieja película de Paul Verhoeven, Robocop (1987), recordando que se podría poner partes orgánicas de un cuerpo en una armadura metálica. La cuestión, con todo, va más allá, porque lo que está en juego es el dilema de jugar a ser Dios –expresión que se plantea en una parte del cuento–, y las consecuencias que ello acarrea. El asunto tiene un tinte además terrorífico cuando en el cuerpo rearmado el recuerdo es la expresion de la pulsión del deseo y de la venganza.

El otro cuento de ciencia ficción de Luces del norte: antología de la ciencia ficción finlandesa es “Quien gira la rueda” de Anni Nupponen. El cuento nos sitúa en un mundo en el que tras una guerra, el orden de la vida ha cambiado. Y ¿en qué se ha transformado? Los seres humanos disponen para sí, cada cual, una “rueda de la vida”, un dispositivo que les permite vivir, en forma programada, casi por una eternidad. Puesto que la vida se ha extendido, esta se ha vuelto casi como mecánica, porque tal mundo es industrial. Semejante a una biblioteca, hay un “Museo de las cosas útiles” donde están almacenados cantidad de objetos, inventos, libros, cosas que alguna vez fueron parte de la sociedad de consumo y que están a disposición de quienes quieran solazarse con el pasado y alimentar de recuerdos en sus “rueda”s que además son de la memoria. El cuento pone la atención en la juventud y cómo esta va cuestionando lo instituido. Y he aquí donde Nupponen nos traslada su preocupación sobre cuánto de pensamiento crítico necesita el tiempo moderno. Es evidente que la inquietud por alargar la vida no solo es filosófica, sino sobre todo vivencial. Con ello, el lector podría preguntarse acerca de cómo la humanidad ha vuelto objeto, ha cosificado la vida.

Bordeando la ciencia ficción y la fantasía encontramos “Sueños que entristecen las mañanas” de J.S. Meresmaa. El cuento gira alrededor de la pregunta: ¿es posible extrañar algo que no existe? La autora nos pone ante la vida sencilla, dinámica de una muchacha que poco a poco va sufriendo una especie de nostalgia por alguien que cree que es próxima a ella. La estrategia narrativa es como la de un diario, donde se lee cada día que acontece algo, un recuerdo, una acción, un hecho. Un dispositivo, un tecnociclo denominado Opilión –que nos hace saltar de lo fantástico, de lo extraño, a la ciencia ficción– es el recurso por el cual la personaje irá encontrando las huellas de ese recuerdo que en apariencia es inexistente, al modo de una máquina del tiempo. Con este por fin hallará a su hermana melliza. Lo que trasunta el cuento es sugerente, porque tal dispositivo está diseñado por la hermana y enviado por ella; es decir, la historia parece sugerir que el tiempo es maleable en su simultaneidad, gracias a lo cual los pensamientos y los deseos de conocer al otro se engarzan de manera misteriosa, aunque, en este caso Meresmaa acude a la tecnología como medio para que el tiempo simultáneo se convierta en uno solo.

“Gravedad perdida” de Saara Henrikson es otro cuento que podría bordear la ciencia ficción y la fantasía. Escrita como un diario de observación, es la historia de unos investigadores interesados en unas ballenas boreales para entender su naturaleza longeva. Es a partir de hacer el seguimiento de una ballena, de hacer el contacto con pescadores y pobladores de la región donde se sitúa el cuento, que conocemos las preocupaciones y los intereses de los personajes. Henrikson le interesa con este cuento sobre todo especular sobre cómo conocer una especie, pero además cómo lograr que su ecosistema se mantenga incólume.

También en el límite de la ciencia ficción y la fantasía es “Fundamentos del centelleo” de Taru Kumara-Moisio. El cuento tiene que ver con un sacerdote y un niño inventor; aquel les obliga a escribir y cumplir ciertas reglas, el otro, inquieto, construye una máquina de vapor calculadora, lo que le causa por poco los insultos y afrentas del tutor. Kumara-Moisio, en cierto sentido, nos hace recordar, vía cuento, vía lo fantástico, quizá la invención de una máquina lógica en el medioevo por Ramón Llull, máquina por demás fuera de su tiempo. Pero la autora, por otro lado, también parece recordarnos la tensión existente entre razón y fe, entre ciencia e invención y lo supuestamente tributario de lo divino: la creación. El cuento puede ser una válida ilustración acerca de ese desencuentro que hasta hace algunos se daba entre el terreno de lo religioso y el mundo de la ciencia.

“El piano de cola” de Kari Välimäki, aunque alude a un objeto, a una tecnología musical, tiene un aire de fantasía. Es un cuento corto, emotivo donde la relación del personaje con el piano es casi como el de una pareja que se reecuentra, o como el de un juguete que de pronto “pide” que le adorne con las notas musicales que crea. Välimäki crea una atmósfera mágica, idílica, pastoral, como queriéndonos ubicar en una arcadia en una casa de ensueños.

“Pieles” de Anne Leinonen también bordea la fantasía y lo extraño. El punto central del cuento es la capacidad que tiene una mujer soportar el tatuaje de historias de cada pueblo por donde va, despellejarse y luego ir a otro, portando, como dice el narrador, una cruz a cuestas; luego será un joven que queriendo tener toda la sabiduría que ella porta y que los pueblos cantan, se apropia del proceso y del ritual. El cambio de piel, la mutación, como si se tratase de un reptil, es lo que queda en la memoria en este cuento. En cierta medida recuerda a El hombre ilustrado (1951) de Ray Bradbury, en tanto es la piel el soporte de la memoria y la historia. Leinonen nos retrotrae a la idea de que la piel es el medio para “in-corporar” la historia de la vida, de corporizar imaginariamente, visualmente, para otros, lo que en otro momento podrían ser los libros. Y lo particular es el hecho que la piel es un dispositivo de memorización, es uno de sedimentación de lo que se va perdiendo, además que se lleva de pueblo en pueblo. Si tuviéramos que hacer una hipótesis, vendría a ser esta: los cuerpos y las pieles de los viajeros son, en efecto, los portadores de la memoria de la cultura de la que ellos proceden, se contaminan y la que hacen conocer a otros para que estos también estén informados, esto es, integrados en un vasto tejido sociocultural identitario.

En tono fantástico y extraño, en sentido de lo weird, está el cuento “El diablo se equivocó por un año” de Janos Honkonen. Es una historia de unos cazadores de tesoros marinos. Estos hallan una embarcación pero lo que tiene esta además es algo horroroso. Honkonen tiene la maestría de contar una historia con ritmo, haciéndonos imaginar las faenas del hallazgo, independientemente de los dispositivos con que se cuentan: es la atmósfera que va creando cuando se está dentro del mar y uno va pensando lo que aparentemente es inofensivo y que luego se torna misterioso. El hallazgo del barco pirata se va contrastando con una historia paralela, como si fuera el archivo que nos remitiera al desastre y al origen de esa entidad que la contiene. Esto implica una tensión entre el tiempo presente y el pasado, pero además el tiempo imaginario creado en el cuento: ello lleva a la construcción de una estética del acontecimiento, donde lo contingente va dominando la atención del lector.

Refirámonos, finalmente, a otro cuento de tono fantástico, “El obsequio” de Sari Peltoniemi. Tiene que ver con unos tatuadores. Uno es obsequido a una mujer. El llamado Halcón Peregrino, el obsequiado, tiene un don: tatúa y hace que sus imágenes tengan un poder en la piel de sus portadores. Esto lleva que la mujer, también tatuadora, vaya perdiendo su autoridad. Visto así, el cuento parecería la historia de una competencia y de poder, pero Peltoniemi usa el tema del tatuaje como recurso que habla de la sensibilidad que empieza a tejerse entre los personajes protagonistas, sensibilidad que implica que la mujer vuelva a tener el don innato del amor: el tatuaje en el fondo no es más que un acto de amor, un acto de don, hecho que lo demuestra el Halcón Peregrino para con sus tatuados. Donar la vida, donar los sentimientos es la parte más fantástica de este cuento finlandés.

Luces del norte: antología de la ciencia ficción finlandesa editado por Magdalena Hai y Anne Leinonen, tal como se ha analizado, es un rico libro que ofrece una variedad de temas para pensar y discutir, tomando en cuenta la ciencia ficción y la fantasía. Su valor, además de ser pedagógico, en ciertos casos, es a la vez, ilustrativo de la escritura finlandesa que, para lectores de habla hispana, no es tan común encontrar. Aunque tarde, celebramos el aparecimiento de estas antologías. (Iván Rodrigo Mendizábal)

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