Ciberpunk en “El arca de los sueños” de Cedeño Menéndez

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Una joven promesa de la ciencia ficción ecuatoriana es Richard Cedeño Menéndez. Su libro de cuentos El arca de los sueños (Ministerio de Cultura y Patrimonio de Ecuador, 2017) lo prueba. En este se inserta “El sosiego de las ánimas”, cuento largo o noveleta, que fuera seleccionado como valor literario y premiado en el Festival Provincial de las Artes “Manabí cree en tu talento”, promovido por la Dirección Provincial de Cultura y Patrimonio de Manabí-Ecuador en el año 2009. Producto de ello y estimulando la creatividad literaria, los editores del libro han reunido a este y otros textos de este novel autor en el volumen que comento a continuación.

El arca de los sueños contiene siete cuentos, una buena parte quizá más bien cuentos largos o noveletas. Algunos sorprendentes por su tratamiento narrativo, el trabajo estético en la construcción de historias de ciencia ficción en el tono del ciberpunk, y otros, más cortos, quizá esbozos para futuros argumentos con mayor precisión. Lo digo así, porque cuando uno empieza a leer El arca de los sueños se da cuenta que hay cierta solidez argumentativa en ciertos textos y otros aún dejan ciertas aperturas en su tratamiento. Fuera de ello, sin embargo, el libro es un buen ejemplo de alguien que demuestra solvencia en el manejo de argumentos que ponen en vilo al lector. Pienso que Cedeño Menéndez cultiva mejor el texto largo al tratar de incidir en la psicología de los personajes, en la construcción de atmósferas complejas y en la señalación a fenómenos o a temáticas propias de la ciencia ficción. Por ello, este autor es una promesa en el panorama de la ciencia ficción ecuatoriana.

La lectura de los siete cuentos en principio obliga a que prestemos atención a los detalles de las historias, porque más allá de ciertas explicaciones que tratan de sustentar sus tramas, el juego literario que propone Cedeño Menéndez es el de ponernos en la piel de los personajes. La voz narrativa evidentemente es omnisciente, pero dada la escritura, la forma de hacer que la historia fluya, de pronto entramos a vivenciar los conflictos y los avatares en los que están envueltos los caracteres. Por ello, es interesante el nivel de construcción sicológica y moral de cada uno de ellos, a la par de sus configuraciones sociológicas dado el tipo de sociedad que parece hacer alusión: el mundo contemporáneo visto como un mundo posible determinado por tecnologías que han sido introducidas en la vida social y profesional como artefactos que forman parte del trabajo de sus ejecutores u operadores. En parte, declara el autor en la solapa de su libro, que es deudor de H.G. Wells, Isaac Asimov y Philip K. Dick; del primero saca la mirada sociológica, acaso también contrapuesta sobre el desarrollo científico y tecnológico que ya vivimos; del segundo, los factores científicos que no deben ser olvidados para la construcción de la historias de ciencia ficción; y del tercero, sobre todo las subtramas que remiten a otras realidades que, en efecto, ponen en conflicto el corazón de las historias que se cuentan en El arca de los sueños.

Decía que la mayoría de los cuentos deben inscribirse dentro del ciberpunk, subgénero que hoy en día permea a la ciencia ficción, aprovechando el desarrollo y los linderos que anticipa la computación, sobre todo cuántica, el uso de esta para explorar horizontes psicológicos o como armas potenciales para destrucción masiva o el diseño de mundos futuros donde se perfila otro tipo de humanidad, etc. Cedeño Menéndez no entra en los mundos distópicos que pueden ser propios del ciberpunk, sino mundos posibles futuros donde las tecnologías informáticas no determinan de modo negativo la vida humana, sino que la transforman en el mismo sentido que toda tecnología modifica el quehacer humano tal como alguna vez lo perfiló Asimov en sus cuentos y trabajos científicos e históricos, o el que estudió Marshall McLuhan en varios de sus libros –pienso en The Gutenberg Galaxy: The Making of Typographic Man (1962) o Understanding Media: The Extensions of Man (1964)–. El ciberpunk de Cedeño Menéndez, en diálogo con la física cuántica, explora los nexos entre máquinas o tecnologías y mente, entre diseños tecnológicos y lo sensible, entre tecnologías que nos hacen pensar el origen de nuestra formación cognitiva.

Es así como “Ungido”, el primer cuento del volumen El arca de los sueños trata sobre un científico ecuatoriano, migrante, adoptado por una familia norteamericana, siendo un innovador y una inteligencia innata, desarrolla una tecnología experimental computacional que podría producir movimientos telúricos y controlar otros. El autor nos explica cómo un ecuatoriano con una inteligencia que explora la realidad y los avances, produce tecnologías interesantes; la noveleta en su primera parte es descriptiva, a modo de un pincelazo sobre la migración, sobre la paternidad ausente, sobre el crecimiento emocional, sobre la cotidianidad científica. El giro está cuando en el laboratorio aparece una entidad terrorífica, al principio invisible, luego corporizada por un monstruo que adquiere el cuerpo femenino seductor, en realidad, una entidad milenaria que ha venido de algún planeta exterior. Es interesante leer que no son las entidades extraterrestres seres superiores, pese a su antigüedad o su historicidad, sino que, en algún momento de la humanidad, quizá contemporánea presente o futura, son los propios seres humanos los que han llegado a desarrollar tecnologías que, en este caso quieren ser aprovechadas por los propios extraterrestres para deshacerse de la humanidad. Cedeño Menéndez da una solución moral frente a la posibilidad de un uso malintencionado de la tecnología y que no es el propio desarme, sino su deconstrucción y deshabilitación, vía virus, de algo que podría ser nocivo.

El segundo cuento largo o noveleta es “Reencuentro”, quizá el texto más expresamente ciberpunk del conjunto. En este un publicista ecuatoriano –¿quizá una metareferencia a la profesión del propio escritor?– que tiene lo que se podría denominar problemas de esquizofrenia, que a veces le coartan su trabajo, le ponen en situaciones críticas y con el firme deseo de encontrar una solución o una curación, contacta con un médico y científico inglés. Este ha desarrollado, junto a un ingeniero, una tecnología que permite introducirse virtualmente dentro del cerebro y allá poder reordenar los recuerdos, los conflictos, las pulsiones. En cierto sentido el cuento recuerda, claro con las distancias necesarias, a Viaje alucinante ­Fantastic Voyage– (1966) de Isaac Asimov e incluso The Matrix (1999) de Lana y Lilly Wachowski, considerando la conexión mediante una computadora al cerebro y en otro caso, el viaje al interior del organismo. Y, en efecto, en “Reencuentro” leemos sobre un viaje hacia el interior del cerebro y a sus conexiones neurológicas. Más allá de que el viaje sea científico, lo que notamos es que dicho periplo es a través de los recuerdos y, algo singular, hacia algo que es un nudo existencial: pues el cuento sugiere que en alguna parte del cerebro se guarda una memoria milenaria, un código de memorias pasadas de la humanidad que cada uno de nosotros guarda como parte de una red. ¿Es la presunción de que en el ADN está inscrito la memoria de la humanidad desde tiempos ahora ya desconocidos y que, en efecto, por más que seamos individuos, somos una sola entidad? Un filme de Luc Besson, Lucy (2014) en cierta medida también trataba de esta turbadora pregunta.

La tercera noveleta del libro El arca de los sueños es “Mundo primitivo”. Estamos en un mundo terráqueo remoto, del futuro. En ella hay una nueva humanidad, un nuevo entorno, unas nuevas identidades socioculturales. Unos adolescentes preguntan sobre su origen y, además, por qué están solos en el planeta. Porque pareciera que la Tierra estuviera despoblada en su mayoría y que se crea que no hay más cosas más allá de los linderos donde viven estos adolescentes, sus familias y las culturas de las que forman parte. Como toda mente inquieta, el deseo por conocer todo, por indagar los restos de algún fenómeno que se ha quedado como huella, viajan hacia las afueras de la ciudad donde viven, incitados por un profesor. Como todo viaje es también un camino de aprendizaje de sí y de lo que significa ser amigo o colega, de conocer mejor la familia, de practicar el saber que se detenta. Al término de su recorrido el grupo encontrará una tecnología desconocida, un espacio que parece virtual que se abre a través de un portal donde se encontrarán con otros seres, unos Biowatts, diseños biotecnológicos de antiguas civilizaciones, por las que se responden montón de preguntas e inquietudes sobre el supuesto pasado histórico del ser humano. En este cuento se percibe que Cedeño Menéndez tiene la capacidad de representar mundos míticos como mundos antropológicos muy al tono de Úrsula K. Le Guin.

De los textos que son ya propiamente cuentos, “Sueños de silicio” es acaso el más inquietante. La cuestión es quién es quién en el cuento, es decir, si hay un personaje creado o real o unos científicos que tienen para sí una computadora con la que manejan al personaje o acaso este los recrea con sus historias en un planeta exterior donde ha sido abandonado. El artefacto mediador es una computadora cuántica. El personaje central, es un novelista que hace historias. Los otros personajes, que operan la computadora son investigadores. ¿La inteligencia artificial aprende de las novelas con las que son alimentadas y, con ello, va dándose cuenta de la realidad exterior? Se supone que tras el proyecto que narra el cuento está la idea de “fertilización” de mundos nuevos. Entonces, ¿hasta que punto las tecnologías que implican a la inteligencia artificial pueden valerse de aquellos que recrean mundos para crear los mundos propios?

En “El sosiego de las ánimas”, el cuento que fuera ganador del Festival Provincial de las Artes “Manabí cree en tu talento” de 2009, es también un cuento inquietante que liga al terror de forma sutil. Un hombre despierta y en la medida que va adquiriendo conciencia del día, y ya viendo un espejo, nota a otro hombre que está en el balcón de su departamento. ¿Quién es el intruso? La clave es el espejo como artefacto que atrapa imágenes y cuerpos. Se trata de un cuento sencillo, una reminiscencia posiblemente a Jorge Luis Borges o quizá a Oscar Wilde.

Y en tono de Borges, quizá el cuento “Redundancia cósmica” se acerca más a lo metafísico. Allá la pregunta es quién es el que crea y tiene el cetro creador y quién es la entidad superior que obliga a que sus actos se vean como creadores. La reflexión es acerca del tiempo y el espacio como cíclicos.

El último cuento de El arca de los sueños tiene como título “Frederick Linch” sobre un aventurero espacial, un solitario fuera de la ley, que un día lleva a una misteriosa dama con una maleta a otro planeta. De pronto descubrimos que esta dama es una ciborg próxima a ser desactivada. La desesperación por recuperarla es intencional dado que se ha enamorado de ella. El cuento bebe del personaje Han Solo de Star Wars (1977) de George Lucas y de Rick Deckard de Blade Runner (1982) de Ridley Scott.

Tal como se ha esbozado en este artículo, El arca de los sueños es un libro que encierra historias atractivas y harto cuestionadoras. Cedeño Menéndez sabe contar historias con eficacia narrativa. Como libro de un novel, reafirmemos, muestra a un autor en potencia. (Iván Rodrigo Mendizábal)

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