Reseña de libro: Simulador de irrealidades de Giulio Guzmán

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Simulador de realidades
Autor: Giulio Guzmán
Ediciones Altazor.- Colección de Arena
Enero 2018, Lima-Perú

He leído con bastante sorpresa este libro. La sorpresa viene de lo original de las propuestas que denotan una fuerte influencia de películas como the Matrix y Inception. Por fin alguien se deja influenciar por otra cosa que no sean vampiros y zombis.
Debido a estas influencias los temas tratados son, sobre todo, lo onírico y las realidades alternas que influencian en nuestro mundo, nuestra realidad confundiéndola y haciéndonos dudar de ella. No es extraño pues que muchos cuentos también hagan referencia a las matemáticas (sobre todo regresión y ¿escuchas esos números?) puesto que es ella la que finalmente pone orden a ese caos.
Al entrar a ese mundo onírico y/o paralelo, es muy fácil para los personajes perder contacto con la humanidad. Así pues en Discontinuo, los personajes hablan de una manera tan mecánica que parecieran robots, en Transmutación 01 se experimenta cruelmente en presos para convertirlos en la máquina suprema de destrucción en Las demostraciones de Mateo, el personaje principal se convierte en una suerte de Frankenstein, el ser deshumanizado por excelencia. Por otro lado, los que se resisten a la deshumanización les embarga una terrible angustia al no poder diferenciar la realidad de la fantasía. Eso le ocurre al personaje principal de Los demás no existen, a los que sus amigos le hacen la broma de decirle que está soñando. Igual les sucede a los personajes de El bajo Tesla, que nunca sabrán si realmente lo vieron. La angustia existencial también viene acompañada con el miedo a la otredad, como les sucede a los personajes de El juego de los tripulantes o Antropomorfo.
Además de estos cuentos hay unos que yo calificaría de surrealistas, como Emerge o Capicúa, que es a mi parecer el mejor logrado.
Si bien los temas son originales, en donde falla el autor es en los diálogos. Estos se sienten bastantes forzados, poco naturales. No solamente todos los personajes hablan de la misma manera, sino que algunos hablan de una forma poco coherente con su personaje, como es el caso de Un soldado del siglo XVI. Dudo mucho que un soldado de ese siglo pudiera hablar y sobre todo pensar de una manera tan elaborada. Por lo general eran jóvenes que ni siquiera sabían leer.
Este problema se hace más notorio cuando en el cuento El arco de emanación, notamos que todo funciona. Y es que pareciera ser un artículo sacado de una enciclopedia, es decir con un lenguaje neutro y formal que corresponde con el discurso y por lo mismo fuciona a la perfección.
Y hablando de enciclopedias, algo que de manera personal encuentro como un defecto es la cantidad de referencias filosóficas, matemáticas y demás que abundan en la boca de los personajes y en la narración misma.
Yo sé muy bien que a algunos eso les gusta, a mí no. Y acepto que podrían pasar en la narración, pero vuelvo a insistir que en los diálogos se siente forzado (a menos que todos los personajes sean profesores universitarios… y entonces ya no leo nada porque la verdad que sería aburrido)
Por otro lado tanta referencia me resulta hasta antipática. No me interesa leer a alguien que pareciera quererme demostrar que sabe más que yo. Pienso que la labor del escritor es buscar ese lector in fabula del que hablaba Eco, y para eso es importante escribir con empatía.
Recuerdo que alguna vez alguien puso un ejemplo en cuanto a los escritores post modernos, diciendo que antes de la post modernidad los escritores tenían un muñeco representando un académico en su mesa de trabajo con un cartelito que decía “Ni él debe entender”, mientras que los escritores post modernos tenían un burrito con un cartelito que decía “hasta él debe entender”. Estoy completamente de acuerdo. Lo que se busca es que el texto tenga varias lecturas (de ahí el lector in fabula, que leerá según su propio bagaje personal). Cuando algunos niños me escriben para decir que mi obra significa esto o lo otro, les agradezco con el mismo respeto que a los que me escriben simplemente “Guau, qué lindo”. Ambos criterios son válidos. Por eso a mí me parece que le falta trabajo a una obra que solo permite la lectura “inteligente” sobre todo si tengo que leer los mismos libros que el autor para entender de qué habla.
Es el segundo libro de un peruano que me presenta este defecto. Quizá sea la manera de escribir allí. En todo caso si me permiten el consejo, mejor pasar esas elucubraciones filosóficas o de otra índole, de una manera diferente y no llenando el cuento de referencias sesudas.
En conclusión en cuanto a la temática me pareció un libro más que interesante. Sin embargo creo que el autor ganaría al simplificar su manera de escribir.

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