
Zero, Cecilia. Chica Cafeína. Lima: Alfaguara, 2024. 147 pp. Ilustraciones de Joan Ulloa.
Cecilia Zero es una escritora que inició su carrera literaria a temprana edad, dándonos uno de los libros más significativos de las letras modernas: «Perras memorias», el cual siempre he comparado con «Los inocentes» de Oswaldo Reynoso, aunque posee una intensidad distinta en las vicisitudes de la protagonista adolescente, en un entorno escolar y familiar, que se aúna a una problemática intimista y vitalista, proyectada hacia el mundo, en el área de los conflictos con los otros y en una etapa de crecimiento, donde los descubrimientos de las propias capacidades humanas son una constante en la obra de la autora. Es digno de mención el hecho de que Oswaldo Reynoso leyera en su momento la mencionada obra de Cecilia Zero y la felicitara, suceso del cual hay registro y puedo dar fe. Tras algunos libros de sumo interés, y diversas profesiones, que van desde el abordaje periodístico, la actuación en series y películas, ser cantante en una banda de rock, ser profesora de creación literaria y temas teóricos, entre otros, Cecilia ha concretado un libro que se puede leer muchas veces y disfrutar de una manera especial. Una obra que puede ser tomada de los estantes cada cierto tiempo y disfrutarse como si fuera la primera lectura es un logro excepcional. Esta edición corre a cargo de Alfaguara; varios de sus elementos visibles, como la imagen de portada, la tipografía (es perfecto el tamaño de letra), y la distribución del material gráfico (a cargo del artista Joan Ulloa), hacen a este volumen imprescindible para todas las edades. Sí, es un libro, en principio, destinado para lectores niños y adolescentes, pero encaja muy bien en el pensamiento de los adultos que toman lo mejor de su pasado y lo aplican al presente; se ve aquí la expansión de un mundo con tres niveles que pasaré a comentar en esta breve reseña.
La historia central es la de Cristina, quien cuenta su relato en primera persona, desde una edad adulta, en su época universitaria. Lo hace con tanta naturalidad que nos imbuimos en sus aventuras, problemas y desaciertos desde que nace y muestra (no dice, muestra) hechos diversos que la tienen en un estado de enfermedad, el cual, aunque no es constante, le hace más difícil la existencia. Se trata de asma, diversas alergias y malestares bronquiales de alta gravedad si no es tratada de manera debida. Por fortuna, ella cuenta con el apoyo total de su familia y, si bien, tiende a la soledad (una engañosa, ya hablaré de ello), posee carisma y la facilidad de hacer amigos, pero son pocos en su infancia, incluyendo a un niño que padecía de un mal y «fue una semillita que no pudo germinar». Los cuidados de una nana, que se hace un personaje querible, aunque no sale mucho en el libro, desembocan en un acierto notable: el mundo de los cuentos. Con el paso de los años, Cristina desarrolla un disfrute por los libros y los cómics de todo tipo, en especial de superhéroes. Por eso decía que esta «soledad» es asumible como el espacio para estar consigo misma y realizar pasatiempos propios de una niña, la cual va creciendo y va pasando por etapas en la que pierde amigos (porque viajan al extranjero), se cambia de casa, se traslada de colegio, conoce a nuevas amistades y desarrolla su pasión por escribir y dibujar, de a pocos; hay mucho aprendizaje en tales peripecias y en el conflicto. La novela-cómic es vivencial y transformadora. Una sutil refracción de la vida misma y de cómo usamos nuestras capacidades, al ganar o perder.
También es de vital importancia la experiencia del primer amor. La narradora lo cuenta con tanto realismo que nos hace partícipe de sus emociones. Con esto se suscitan una serie de acontecimientos, en los cuales aparece la traición, el desamor, la decepción amical, y he aquí un punto de inflexión porque la protagonista nota que su mundo, tras un duro periplo, se reacomoda para darle tiempo a configurar el personaje que ha creado «Chica Cafeína». Una superheroína que activa sus poderes al consumir café pasado. Esto se enlaza con un hecho de la niñez de Cristina. Cuando tuvo un ataque de asma y su inhalador quedó vacío, tomó café (bebida que le invitaron antes sus tíos y sus padres le prohibieron al enterarse, ya que la consideraban muy pequeña para ser una consumidora cafetera) y, como el café tiene un efecto similar a la teofilina, podría decirse que le salvó la vida. Este suceso de la ficción la autora lo ha contado en varios eventos públicos y entrevistas, ocurrió en la vida real y es de clara atención. No solo por lo memorable en sí, sino porque se aprecia el vitalismo, y cierto tono autobiográfico en esta primera dimensión del libro. No obstante, esta tonalidad, estos matices de la vida de Cecilia Zero son indistinguibles y pertinentes. En conversación con la escritora, he dilucidado que lo que prima en esta novela-cómic es la imaginación y la creatividad; en dos instancias: la estructural y la del universo superheroico (o lo fantástico).

Hay un segundo nivel, donde la autora hace una símil con el proceso de maduración del café, desde que es una semilla, hasta que es una taza que se puede servir de varias maneras. Esto se integra al desarrollo humano de Cristina, cómo pasa de ser una niña enfermiza y pequeña a una mujer decidida, con fuerza y diversos gustos y talentos (las diversas formas en que se sirve el café). Hay capítulos que inician narrando, de manera breve y muy clara el procedimiento para hacer apto para el consumo este vegetal, y transformarlo en la bebida más solicitada del mundo y el segundo producto natural que más se comercia. Esto además nos lleva a una admiración por los productos nacionales, siendo el café peruano de altísima calidad. En mi caso, lo consumo a diario, aunque he tenido etapas en que lo dejé o reduje la cantidad a beber. A mí me ayuda a la concentración de una manera extraordinaria. Es este aporte al reconocimiento de la realidad nacional y sus recursos un elemento a revalidar, y, como dije, es una estrategia narrativa bien pensada, ya que todo ello desembocará en el tercer nivel, el cual, no por ser el que se concreta hacia los tramos decisivos, es de menos valor, todo lo contrario. Es la parte más genial del libro, aquí aparece Chica Cafeína en su esplendor, gracias a la imaginación de la protagonista (y de la autora, en este punto es fácil distinguirlas, al mismo tiempo es admisible aquella dualidad en estos procesos de creación).
Ya era posible tener una visión de Cristina en los excelentes dibujos de Joan Ulloa, los cuales captan un universo pacífico, como oasis en medio de la turbulencia y animan mucho a la percepción de lo que se nos va narrando. Llegamos así a las secciones perfeccionadas por Cristina (una vez más la dualidad autora-protagonista ficcional), donde vemos un gran diseño de Coffeeland, un mundo paralelo, donde los habitantes disfrutan bebiendo café, allí hay un árbol mágico, denominado «El cafeto de oro», que alimenta sus necesidades. Hasta que un día aparece un malévolo personaje llamado Roya, quien les da a los ciudadanos una bebida extraída de un hongo que los enferma. Expulsada de esa tierra, ella se venga y arrasa con aquella dimensión. Ocurren una serie de acontecimientos que hacen la lectura adictiva (y se desea saber más de este mundo epistémico en formato cómic), y que conducen a la salvación de Arábica, princesa de dicho planeta, quien llega a la Tierra, es adoptada por una pareja de nuestro mundo y, conforme crece, descubre que, al beber café, se manifiestan en ella una gama de superpoderes. Los usa para hacer el bien, pues, por cada buena acción, se regenera una parte de su lugar de origen. La salvación es posible. Una abeja llamada Api ayudará a nuestra superheroína; no obstante, un peligro se hace presente y se nota que las cosas no serán fáciles para Arábica. Desde aquí hay un amplio radio de acción para seguir con las aventuras de Chica Cafeína. Aparte del logro argumental y gráfico de las secciones de cómic, hay que mencionar que este tercer nivel, la historia fantástica, dentro de la línea central del argumento novelístico, es manejado de una manera brillante. Se espera un cómic independiente de Chica Cafeína, o una nueva novela, donde la historieta tenga más páginas.
Al concretar la historia de origen de la superheroína, también se cierra un capítulo en la vida de Cristina. Se menciona que el talento no lo es todo, pero la perseverancia sí ayuda, y es de notar que las oportunidades se han de aprovechar cuando se presentan. El quid de este relato tiene mucho poder: hay que adaptarse por etapas, y hacer que las cosas se adapten a nosotros en los instantes correctos. Sin duda, no se cae en la frase nebulosa de que con esfuerzo todo es posible, no. La meta es que, si dejamos las distracciones de lado, en este mundo tan absorbente, que a veces nos hace perder mucho tiempo, podemos enfocarnos en realizar nuestros proyectos, trazarnos retos y cumplirlos. Si de verdad amamos la creación, hallaremos espacios para culminar a nuestros personajes, nuestros superhéroes, que pueden ser una proyección de nosotros, de lo que necesitamos, de lo que el globo necesita. Aquel mensaje: de terminar el libro, no queda ahí. Hay además una labor esencial de difusión del trabajo que hemos hecho, sobre todo en nuestro medio editorial. Desde luego, el quid no se adscribe solo a ello, es un retrato del ámbito artístico y profesional, no abocado solamente a las lides empresariales, sino también (vuelvo al origen) vitales, lo que nos pone contentos y nos hace rozar la felicidad. Es algo inexplicable pero bello. También se rescata el apoyo de otros agentes culturales, en las etapas de construcción. Para terminar, todo este proceso de formalización de nuestra obra depende de nuestra valentía y de explorar nuevos dones, para poder alcanzar a los lectores, en especial si son receptores en formación. Habrá vicisitudes superables que tendrán que resolverse. Como las enfrentó el personaje de Cristina. Como lo hará Chica Cafeína, desde otras coordenadas. Tal como lo hace hoy su autora: Cecilia Zero.
Sobre la autora

Cecilia Zero nació en Lima. Ha publicado diversas novelas para niños y adolescentes; además, escribió canciones y las compuso con su banda de rock, con los títulos de sus libros. Un día, decidió compartir sus experiencias a través de Chica Cafeína, la superheroína del café, para que los chicos que tienen asma o los que quieren ser escritores no se sientan solos, pues la vida es una constante lucha de esfuerzo y perseverancia. Es licenciada en Administración de Empresas, Magister en Periodismo y escritora. Ha actuado cine y televisión, además de haber sido locutora radial, reportera y columnista. Los cómics de Chica Cafeína son de su autoría. (Foto de la autora en su información biográfica: Chosei Tako Quiroz).
Sobre el ilustrador
Joan Ulloa es un artista gráfico peruano con gran experiencia en el desarrollo de proyectos editoriales y creativos. También es un apasionado caricaturista y recorre el país con su talento, creatividad y lápiz mágico.
Carlos Enrique Saldívar (Lima, Perú, 1982). Es codirector de la revista El Muqui. Es administrador de la revista Babelicus. Finalista de los Premios Andrómeda de Ficción Especulativa 2011, en la categoría: relato. Finalista del I Concurso de Microficciones, organizado por el grupo Abducidores de Textos. Finalista del Primer concurso de cuento de terror de la Sociedad Histórica Peruana Lovecraft. Finalista del XIV Certamen Internacional de Microcuento Fantástico miNatura 2016. Finalista del Concurso Guka 2017. Mención honrosa en I Premio Literario Valle del Pillko. Finalista del Concurso III Antología Tabula Escrita. Mención Especial en el reto 25 (microrrelato de horror) de Editorial Cthulhu. Publicó el relato El otro engendro (2012). Publicó los libros de cuentos Historias de ciencia ficción (2008, 2018), Horizontes de fantasía (2010), El otro engendro y algunos cuentos oscuros (2019) y El viaje positrónico (en colaboración con Benjamín Román Abram). Compiló las selecciones: Nido de cuervos: cuentos peruanos de terror y suspenso (2011), Ciencia Ficción Peruana 2 (2016), Tenebra: muestra de cuentos peruanos de terror (2017, 2018, 2021, 2022), Muestra de literatura peruana (2018), Constelación: muestra de cuentos peruanos de ciencia ficción (2021) y Vislumbra: muestra de cuentos peruanos de fantasía (2021).
