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Mónica Cuartero entrevista a José Manuel González (Recuerdos de la Vieja Tierra)

Ediciones el Transbordador publicó hace unas semanas dos obras exclusivamente en formato digital en la colección SPUTNIK

http://www.edicioneseltransbordador.com/catalogo/coleccion-sputnik-de-literatura-digital/

Son la novela de Mónica Cuartero “Hijos del río” y la antología de relatos “Recuerdos de la vieja Tierra” de José Manuel González, miembro de la TerBi

Ofrecemos una curiosa iniciativa. Cada uno de estos autores ha entrevistado al otro acerca de su obra. En este post se puede leer la entrevista de Mónica a José Manuel

1.- Recuerdos de la Vieja Tierra es una recopilación de relatos premiados en el Certamen Alberto Magno de la Universidad del País Vasco. En el mismo prólogo comentas que fue uno de sus promotores, Mariano Villarreal, quien te animó a contactar con un editor. ¿Cómo fue el proceso que desembocó en su publicación por parte de El Transbordador?

R: Curiosamente, se inició de una forma similar, casualmente. Joan Antoni Fernández acababa de firmar la publicación de un estupendo relato corto en El Transbordador titulado “La gran mentira” y al felicitarle le dije que llevaba un tiempo estudiando la posibilidad de publicar por primera vez en e-book, se lo comentó a Pilar y así iniciamos el contacto.

2.- La lucha entre la Humanidad y la Naturaleza es un tema que se repite en varios relatos, oscilando entre la derrota del ser humano (El desastre de Enfer), una situación de dependencia o de dolorosa y compleja adaptación (Las tribus de la noche o Mar de titanes) y la dominación del medio natural (sustitución de ecosistemas en Las dudas de Job). ¿Cuál crees que el futuro más probable de esta difícil relación? ¿Somos una especie destructiva sin posibilidad de cambio o redención, como asegura un personaje de Albedo 99?

R: Sin dudarlo, somos una especie destructiva, sin redención ni esperanza de cura. El único consuelo es que el universo es tan vasto que, aunque pusiéramos todo nuestro empeño en destruirlo durante el tiempo que le quede a nuestra especie, no conseguiríamos hacerle ni un pequeño arañazo.

La lucha de la humanidad contra la naturaleza, a nivel planetario, me preocupa y por eso escribo sobre ella. Después de milenios en los que ella nos ganaba por oleada, ahora estamos en condiciones de vencerla y lo estamos haciendo con esmero.

3.- Joan Antoni Fernández, al prologar Recuerdos de la Vieja Tierra, hace especial hincapié en tu extrema habilidad para la creación de seres extraterrestres, algo que suscribo enteramente, hasta el punto de considerar que se podría componer un bonito bestiario tomando tus relatos como base. ¿Cuál es tu fuente de inspiración para tus “bichos” extraterrestres?

R: Me inspiro sobre todo en los clásicos. La desbordante imaginación de Aldiss en “Invernáculo” me enganchó ya de joven y siempre lo he tenido como un ejemplo. Clarke y otros también han contribuido, y, más cercano en el tiempo, estoy descubriendo que la conjunción de inteligencias que colaboran en producciones como Star Wars consiguen resultados más que aceptables a la hora de desarrollar especies exóticas.

4.- El protagonista de El secreto del César, Aulo Gavio, resulta muy convincente como personaje histórico real, tanto por sus características como por las referencias que de él se dan en el relato. ¿Tiene alguna inspiración concreta? ¿Elegiste al emperador Marco Aurelio por el carácter que se le atribuye y que tan diferente parece ser del de la mayoría de césares romanos, aparte de por el hecho de contarse entre tus favoritos? ¿Qué otras épocas históricas te resultan apasionantes?

R: Desarrollé el personaje de Aulo como una síntesis de los oficiales romanos descritos en los relatos históricos que he leído y que se desarrollan en esa época.

Aunque la política influía enormemente en el comportamiento de todas las clases del ejército, degradándolo, existía una casta de militares que creían y luchaban por sus ideales, convencidos de que con sus acciones contribuían a mejorar la calidad de vida del resto de habitantes del mundo, a los que salvaban de la barbarie.

Ahora el imperialismo y la esclavitud nos parecen comportamientos abominables y necesitaríamos vivir en aquel contexto para entender por qué en esa época, entre personas cuando menos tan inteligentes como las de la nuestra, eran aceptables.

Como dice un personaje del relato, Marco Aurelio era único entre sus iguales. Consiguió la lealtad incondicional de la mayoría de los que le rodeaban en una sociedad en la que la traición y la falsedad eran constantes de la vida cotidiana, e intentó gobernar con justicia y humildad en un mundo convulso y en guerra.

Otro personaje histórico que me fascina, antitético a Marco Aurelio, es Julio César, a quien también menciono en el relato. Creo que fue uno de los dirigentes más inteligentes de la historia y que su muerte temprana privó a Roma de espectaculares cambios que podría haber impulsado.

Y otra época que me parece fascinante es la del Japón medieval, cuyo legado aún nos sorprende en las, para nosotros, extrañas y exóticas costumbres japonesas.

5.- El ambiente creado en Mar de titanes me evocó La Odisea, tanto por el título del relato y el nombre de la nave, ambos con reminiscencias de la mitología griega, como por los seres marinos, en especial esos fantásticos delfines que no desmerecen a las sirenas con las que tuvieron que vérselas Ulises y sus compañeros. ¿Hay alguna tipología de mitos -griegos o pertenecientes a otras culturas- que te parezca especialmente adecuada para hacerla pasar por el tamiz de la Ciencia Ficción?

R: El ejemplo más claro de ello lo tenemos en la mitología nórdica, con Tolkien y alguna saga de Marvel como ejemplos más visibles.

Pero creo que todas las mitologías (y la mayoría de las religiones) son simplemente historias de ciencia ficción que nuestros antepasados se inventaban para describir aquello que no entendían, y que, la mayoría de las veces, deformaban o adaptaban para hacerlas coincidir con sus intereses.

6.- El abismo entre ciencia y creencias religiosas es un tema que aparece en relatos como El dios de Seed o Las dudas de Job (he de decir, además, que con un estupendo tratamiento que huye de maniqueísmos). ¿crees que el avance de la ciencia y la tecnología supondrá la extinción de las prácticas religiosas o, por el contrario, los sentimientos religiosos seguirán siendo parte integrante del ser humano en el futuro?

R: Estoy seguro de que esos sentimientos seguirán acompañando a la humanidad hasta el fin de sus días.

Una pequeña superstición ya es, en sí misma, un acto religioso, y lo cometemos simplemente eligiendo un color para vestir porque nos da suerte o sintiéndonos incómodos por viajar en un día trece.

Nos sentimos tan inseguros sobre nuestro destino que tendemos a descargar la responsabilidad de los actos casuales que nos afectan a entes metafísicos sobre los que no tenemos ningún control. De hecho, la mayoría de las religiones basan su filosofía en el intento de guiar nuestro comportamiento para influir en sus decisiones.

Aunque no aceptemos la heterodoxia de cualquiera de las principales creencias, la complejidad del universo que nos rodea y la imposibilidad de explicarlo en términos humanos siempre condicionará nuestras mentes a buscar explicaciones más allá de lo que, comúnmente, llamamos “racional”.

Y la ciencia, en lugar de contribuir explicando los misterios a los que nos enfrentamos, tiende a confundirnos aún más al demostrar que todo es mucho más confuso de lo que somos capaces de imaginar. Cuando profundizamos en algún conocimiento inmediatamente descubrimos marañas de complejidades que no dejan de aumentar por mucho que intentemos resolverlas.

Hasta el científico más ateo que haya existido tendría un momento de debilidad al enfrentarse a algo tan común, cotidiano y repetido como el casi sobrenatural proceso de ensamblaje que realiza un simple virus fago en el interior de una bacteria cuando se reproduce.

7.- En muchos de los relatos de Recuerdos de la Vieja Tierra -me vienen a la memoria, sobre todo, Las tribus de la noche y Las dudas de Job-, la acción es frenética, y cuando el lector piensa que ya no puede pasar nada más, la trama da otra vuelta de tuerca y los personajes son sometidos a otra situación que pone a prueba los límites de sus fuerzas. ¿Te ha ayudado tu afición al deporte, como menciona Joan Antoni Fernández en el prólogo, a desarrollar esa cualidad? ¿Qué consejos darías a un escritor de “trama lenta” -me considero dentro de ese grupo- para pulir ese aspecto y dotar sus escritos de más dinamismo?

R: Sí, eso es algo que, además de Joan Antoni, me han comentado varios lectores, aunque yo no lo comparto. Los deportes de aventura que practiqué en mi juventud pueden formarte el carácter, pero no creo que tengan ninguna influencia en el estilo literario más allá de hacer más o menos creíbles las proezas físicas de algunos personajes.

El dinamismo que intento imprimir a mis tramas proviene, simplemente, de lo que siempre me ha gustado leer.

La literatura se presenta en muchas facetas y a mí siempre me han gustado las que producen obras entretenidas y despiertan el interés y el sentido de la maravilla.

Por eso prefiero leer a Cervantes o a Tolkien antes que a Proust o a Lewis, que, sin duda, tienen todo el mérito del mundo, pero no brillan precisamente por su amenidad.

Respecto a consejos para acelerar la acción de un personaje, es muy fácil, solo es necesario preguntarse: ahora que está literalmente asfixiado, ¿Qué puedo hacer para complicarle aún más la vida?

 

8.- He observado que escoges para tus personajes nombres de diversas procedencias como reflejo de una futura sociedad multicultural en la que los humanos trabajen juntos por encima de sus rasgos identitarios. ¿Crees que seremos capaces de superar dichos identitarismos en un futuro para evolucionar como especie? ¿Se percibe dentro del trabajo científico -me refiero a tu profesión- ese impulso común en favor del progreso al margen de cualquier seña de identidad cultural?

R: Creo que el mestizaje es una de las mejores herramientas que posee la humanidad para mejorar y evolucionar, tal y como venimos haciendo desde que comenzamos a caminar erguidos, y, gracias a la aldea global en la que estamos convirtiendo el mundo, el proceso se está acelerando y lo hará más en el futuro.

De esa forma podremos compensar la inversión evolutiva que estamos sufriendo al destruir los procesos de selección natural de nuestra especie mediante la tecnología, que nos permite reducir las amenazas (enfermedades, epidemias y otros desastres naturales) que antes nos diezmaban y solo permitían sobrevivir a los más fuertes y preparados.

Lamentablemente, la ciencia actual está más sometida que nunca a las estructuras de la sociedad, tanto de las económicas como de las culturales (o mejor dicho, políticas). No hay más que fijarse en quienes son los que deciden las cuantías y a quienes se destinan los fondos para la investigación pública, porque la privada siempre estará condicionada a resultados inmediatos y prácticos. Curiosamente, una esperanza de emancipación de esos controles cuasi arbitrarios y circunstanciales que tiene la ciencia ha surgido recientemente de un sector hasta ahora desconocido: el de los millonarios que buscan realizarse dejando su impronta en la historia, que consiguen ilusionarnos con sus fantásticos proyectos.

 

9.- Con la excepción de El dios de Seed y Albedo 99, que comparten un tono más crepuscular, tengo la sensación de que la mayoría de tus historias huyen de la distopía y muestran mundos y escenarios donde el progreso técnico es visto, en general, como algo positivo. ¿Eres optimista en esta cuestión?, ¿podría volverse el progreso en contra de la Humanidad?, ¿se está tornando esta demasiado dependiente de los avances de la tecnología?

R: A pesar de que, como dije en la respuesta anterior, estamos invirtiendo la selección natural, creo que la tecnología nos permitirá compensar nuestra fragilidad orgánica y nuestra insignificancia respecto al universo. Si conseguimos no destruirnos antes, en unos milenios nuestros descendientes dominarán un buen sector de la burbuja local.

Coincido plenamente con Hawking cuando dice que es imperioso que creemos, lo antes posible, asentamientos en otros mundos, para evitar que la humanidad pueda extinguirse por un desastre natural, por algo tan cotidiano, geológicamente hablando, como el choque contra la Tierra de un meteorito o una caprichosa llamarada solar.

Elon Musk lo ha entendido así y su plan de colonización de Marte es uno de los proyectos más ambiciosos en ese sentido.

Espero que algún día nuestros políticos sean capaces de superar sus intrigas y miserias y nos permitan aunar los esfuerzos de toda la humanidad hacia objetivos que nos beneficien a todos.

 

10.- El formato de relato de concurso obliga al escritor a ser muy selectivo con lo que transmite y cómo lo hace, casi se diría que es “mano de santo” contra el vicio del info-dumping. ¿Te has encontrado con alguna historia difícil de encajar en los moldes que te exigían en el concurso, una que pidiera a gritos un tratamiento más dilatado? ¿Alguna se te ha rebelado hasta el punto de tener que descartarla como relato breve?

R: Confieso que todas las historias de la antología están diseñadas, desde el principio, como novelas más largas.

El proceso que sigo es sencillo y nada original, hago, en una medida muchísimo más modesta, lo que hizo Joyce cuando escribió Finnegans wake: descartó catorce mil páginas dejando el libro en menos de setecientas.

Me es casi imposible crear historia inventándo un universo, unos personajes y unas circunstancias y contarlas en tan solo cincuenta páginas. Por ello desarrollo las historias en escenarios mucho más amplios y complejos, y solo ofrezco retazos de ellos en pinceladas a lo largo de la historia confiando que la imaginación del lector rellene los huecos.

Antes de decidirme por un relato para un concurso, estudio, sobre todo, si es posible comprimirlo sin que pierda su esencia, y por ello no suelo dar pasos en falso en ese sentido. Quizá el reto más importante lo afronté con “El Dios de Seed”, que originalmente estaba proyectada como una novela casi el triple de larga, y, a pesar de todos mis esfuerzos, casi reviento con ella las costuras del corsé del concurso pasándome en palabras y páginas, aunque el jurado fue condescendiente y no lo tuvo en cuenta al declararla finalista.

11.- Muy relacionada con la anterior: Algunos relatos presentan finales abruptos, y tú mismo explicas en Mar de titanes que es consecuencia de su formato como relato de concurso. ¿Obedecen a la misma causa el resto de casos? ¿Has pensado en “redondear” alguno de ellos aparte del citado Mar de titanes?

R: Sí, aunque creo que damos demasiada importancia a los finales cuando lo que nos debería interesar es el cuerpo del relato, que debe conseguir hacernos pasar un buen rato mientras lo leemos, y el recuerdo que guardemos de todo su conjunto.

Creo que casi todos tienen la posibilidad de ser redondeados y ampliados, aunque esto forma parte de mis “proyectos futuros sin plazo concreto”. Por ahora me apetece más seguir experimentando e investigando en otras corrientes y estilos de la ciencia ficción, sin descartar un cambio completo de género.

12.- ¿Cómo influye tu trabajo en el campo de la nanotecnología en tu literatura? ¿De qué manera te ayuda la cercanía a los avances en tecnología y ciencia a estimular tu imaginación?

R: Ignoro si tiene alguna influencia concreta, aunque supongo que mi formación técnica me ayuda a dar mayor verisimilitud a las descripciones de los recursos tecnológicos que emplean los personajes en las historias.

La ciencia ficción te da la libertad de imaginarte logros científicos que aún no están a nuestro alcance, pero es necesario que estos sean proyecciones reales de lo que la ciencia actual considera posible, o, al menos, que existan formas viables de burlar las limitaciones.

Por ejemplo, puedes describir una nave que viaja más rápido que la luz, aunque sabemos con toda seguridad que la física de nuestro universo no lo permite, si describes una forma que “engañar” a las leyes que lo rigen, como provocar una deformación del espacio acercando puntos lejanos o atajando por su exterior, fuera de la constricción de nuestras dimensiones.

13.- ¿Qué autores y obras te hicieron escoger la Ciencia Ficción como género favorito y dedicarle tu carrera literaria? ¿Tienes alguna anécdota entrañable de tus primeros encuentros con el género? ¿Cuál es el último autor que te ha sorprendido?

R: “Carrera literaria” quizá es una definición un tanto exagerada. Me considero un escritor no profesional que ha conseguido unos modestos éxitos a base de relatos que, sobre todo, pretenden hacer pasar un rato divertido a los lectores que se aventuran a leerlos, y que recobren, aunque solo sea por un instante, un destello de aquella ilusión que nos embargaba a los que comenzamos a amar la literatura de evasión desde jóvenes, acompañando a nuestros personajes favoritos en sus aventuras y desgracias por lejanos y exóticos escenarios.

Pero volviendo a la pregunta, Jack Vance, Clarke y Larry Niven fueron quienes me catapultaron al género, y el escritor que últimamente más me ha sorprendido es Philip Reeve, que, a pesar de que, como yo, no se caracteriza por su profundidad literaria, sus mundos y personajes desbordan imaginación y fantasía.

14.- En el prólogo mencionas que ya no te presentas de manera sistemática al Certamen Alberto Magno (aunque obtuviste el 2º premio en 2017). ¿En qué ha cambiado tu trabajo como escritor desde ese cambio? ¿Cómo evoluciona el ciclo de historias en torno al teniente Ruiz (gran personaje, por cierto; a mí me recuerda a Han Solo, aunque un poco más disciplinado)?

R: Siempre he escrito condicionado por la falta de tiempo debido a las obligaciones laborales. Aproveché, hacia el 2000, un cambio en mi situación que duró unos años y me proporcionó la relajación necesaria como para presentarme al certamen (aun así, solo me daba para un relato por año, aparte de otros escritos aún más breves).

Un nuevo cambio me impidió seguir participando y tuve que dedicar mis esfuerzos en exclusiva a la única novela larga que he escrito hasta la fecha, Terápolis, publicada por Juanjo Aroz en la editorial Espiral.

Felizmente, en 2017 conseguí (me forcé a) liberarme de la mayor parte de mis obligaciones y ahora dedico casi todo mi tiempo a disfrutar del mismo. Como celebración del cambio me presenté al certamen con un relato escrito en el último momento, y, sorprendentemente, me lo premiaron.

Tengo ya escritos varios episodios con el teniente Ruiz como protagonista, que van desde su época de cadete hasta poco después de El desastre de Enfer, y alguno más en proyecto. Forman parte de un libro compilatorio que, espero, algún día terminaré.

15.- ¿Cómo ves la situación del género de Ciencia Ficción en la actualidad? ¿Existe el riesgo de que se vea limitado por algunos tópicos o clichés, como es el caso de la Fantasía, o crees que su misma naturaleza lo pone a salvo de ese peligro?

R: Yo no etiquetaría la Ciencia Ficción, como se tiende a hacer en la actualidad, constreñida a un género literario cuyos argumentos tienden hacia a la especulación científica y social.

Creo que el nuestro es un género intemporal, y que sus variantes, como la fantasía, solo se diferencian de los relatos convencionales por los aspectos sobrenaturales que se admiten en sus historias.

Homero ya escribía ciencia ficción cuando describía los viajes de Ulises (aceptando las reglas de la fantasía, claro) y me atrevo a afirmar que los tripulantes de la primera misión a un sistema solar distinto al nuestro llevarán entretenimiento con ellos relacionado con la ciencia ficción, aunque no me arriesgo a imaginar qué se considerará entonces como tal.

Entrevistas cruzadas: José Manuel González entrevista a Mónica Cuartero (Hijos del río).

Ediciones el Transbordador publicó hace unas semanas dos obras exclusivamente en formato digital en la colección SPUTNIK

http://www.edicioneseltransbordador.com/catalogo/coleccion-sputnik-de-literatura-digital/

Son la novela de Mónica Cuartero “Hijos del río” y la antología de relatos “Recuerdos de la vieja Tierra” de José Manuel González, miembro de la TerBi

Ofrecemos una curiosa iniciativa. Cada uno de estos autores ha entrevistado al otro acerca de su obra. En este post se puede leer la entrevista de José Manuel a Mónica

ENTREVISTA DE JOSÉ MANUEL A MÓNICA:

1) ¿Cómo te aficionaste a la ciencia ficción y por qué elegiste la distopía para tu primera novela?

Si atendemos a la división clásica de géneros literarios, lo cierto es que soy más aficionada a la fantasía que a la ciencia ficción, y es el género que más escribo. Siempre me han fascinado las épocas remotas y me han inspirado escenarios de leyendas y sucesos míticos; si a eso le añadimos el que desde mi infancia escuché y leí con avidez cuentos de hadas tradicionales, creo que en mi mente se formó el caldo de cultivo perfecto para que, al toparme con El Señor de los Anillos a los dieciséis años, cayera en las garras de la Fantasía para siempre.

Así las cosas, pudiera parecer contradictorio que mi primera novela sea una distopía, pero en el fondo tiene bastante sentido: aunque sé que ningún tiempo pasado fue mejor, mientras que pensar en la antigüedad me evoca historias épicas, el futuro me genera mucha desconfianza. Cuando me gana la sensación de que las cosas no funcionan y de que el rumbo que ha escogido la humanidad no es precisamente el mejor para hacerlas funcionar, me surgen ideas para una distopía.

2)  Trabajas como profesora de historia. ¿Te ha ayudado tu profesión a la hora de diseñar la sociedad que describes en Hijos del Río?

No tanto en el diseño de la sociedad, que no es más que una proyección fatalista de una sociedad contemporánea en la que la clase media ha sido degradada, como en otros detalles de la trama, por ejemplo, las alusiones al movimiento obrero.

3) Esa sociedad, dividida entre ejecutivos y trabajadores, me recuerda a los tiempos del feudalismo y a la época anterior a la revolución francesa, cuando los nobles y los aristócratas poseían la mayor parte de los recursos y el pueblo llano solo podía adaptarse o morir. ¿Crees posible una regresión hacia sociedades de ese tipo? ¿Cuál sería un posible motivo para que sucediese algo así?

Es una forma de verlo muy curiosa que no me había planteado, pero lo cierto es que el feudalismo tiene algo en común con esta sociedad futura imaginaria, y es, como he apuntado en la pregunta anterior, el escaso peso de la clase media, que en la novela aparece bastante adelgazada y con problemas de solvencia similares a los que presenta su homónima actual.

No creo que haga falta un gran cambio para provocar una regresión como la que se intuye en Hijos del río, bastaría con un intenso proceso de destrucción de la clase media, y eso ya lo estamos viviendo actualmente: por desgracia, en nuestro mundo es cada vez más frecuente que gente que hasta hace unos años se englobaba sin vacilar en este grupo social pase por auténticos apuros económicos tratando de estirar sueldos (que de ninguna manera se corresponden con los que definirían a una clase media) y mantener estilos de vida que se generalizaron con el estado del bienestar y que cada día son más difíciles de sostener.

Por si fuera poco, la deriva de la sociedad actual me parece que se encamina cada vez más a disponer de una elevada proporción de mano de obra barata: parte de esta masa proviene de la destruida clase media, y a ellos se añade el grueso de la población inmigrante. Todos ellos comparten situaciones prolongadas de paro o la depauperación de sus empleos, lo que genera un debilitamiento de su poder adquisitivo y un aumento del riesgo de pobreza y exclusión social. La sociedad de Hijos del río es una proyección en el futuro de este modelo llevado al extremo.

4) En tu libro describes una situación que choca contra lo que, la mayoría, damos por sentado: en esa sociedad el trabajo de un humano es más económico para el empresario que el de un robot. Es una idea original y rompedora. ¿Puedes desarrollarla un poco más?

Soy consciente de que todas las previsiones apuntan a lo contrario, pero creo que damos por supuesto que los trabajadores mantendrán en un futuro sus derechos laborales o que acabarán cobrando una renta básica y saliendo del mercado laboral sin miedo a perder su capacidad de consumo.

Sin embargo, si estos derechos fueran recortándose paulatinamente, si el salario mínimo quedara congelado o incluso descendiera (para poder competir con los robots, por ejemplo), si nunca se llegara a establecer la mencionada renta básica y por tanto la gente se viera obligada a continuar trabajando para asegurarse el sustento, ¿seguirían siendo las máquinas más rentables que una masa de seres humanos hambrientos y mal pagados?

Carezco de elementos de juicio suficientemente fundados para hacer una defensa en profundidad de la premisa de Hijos del río, y de seguro existen un montón de factores económicos que no he tenido en cuenta y que invalidarían esta tesis, pero me pareció un punto de partida curioso y no del todo descabellado del cual arrancar el relato.

5) Estamos viendo últimamente un florecimiento del subgénero de la distopía gracias a adaptaciones de obras de escritoras al medio audiovisual, como El cuento de la criada o Hijos de los hombres, con ideas brillantes, originales y un excelente tratamiento. A pesar de que, tradicionalmente, los autores de ciencia ficción han sido predominantemente hombres, las escritoras estáis avanzando con mucha fuerza y renovando el género gracias a la aportación de nuevas perspectivas y enfoques. ¿Estás de acuerdo?

Curiosamente, los ejemplos que has aportado (Margaret Atwood y P.D. James) publicaron sus obras mucho antes de la entrada al nuevo milenio. Si hablamos de la rama del género considerada fantasía clásica, que me resulta más familiar, se me ocurren ejemplos como Ursula K. Le Guin, Louise Cooper, Sydney J. van Scyoc o Margaret Weiss, de quienes tenemos valiosas aportaciones desde los años 60 o 70, así que la incursión de la mujer en la fantasía y la ciencia ficción no es algo nuevo. Si ahora el público general las está redescubriendo se debe, sobre todo, a la adaptación de sus obras a los medios audiovisuales, como bien  has comentado.

Considero que la menor presencia de las mujeres en la ciencia ficción y la fantasía se debe a que, en general, somos más intimistas en nuestros gustos literarios, por lo que muchas mujeres prefiere historias que hablen de sentimientos o se centren más en las relaciones entre personajes en contextos realistas. Eso hace que no pocas perciban como extraños a sus intereses estos géneros que habitualmente llevan aparejadas tramas bélicas o de acción. Probablemente, lo que se considera innovador en las escritoras de Ciencia Ficción y Fantasía sea la inclusión en sus historias de esta óptica más intimista que, sin desdeñar tramas de acción, otorga especial relevancia a las relaciones entre personajes o introduce hechos particulares de lo femenino.

6) En tu novela apenas das unas pinceladas del exterior de la región en la que se desarrolla el relato. ¿Cómo sería el resto del mundo en el mega estado que describes? ¿Sus habitantes tendrían problemas similares y la sociedad estaría jerarquizada de la misma forma?

Tienes razón, el “mundo exterior” está apenas esbozado, pero este hecho obedece a una voluntad consciente de mantener ese velo de misterio.

En Hijos del río, la gente vive en megalópolis que política y económicamente están bajo el dominio de una «aristocracia genética» común denominada Élite. Dentro de la Élite no hay familias, sino que esta clase dirigente se perpetúa a sí misma mediante la creación de genos, seres generados mediante técnicas de selección genética. El resto de la población también tiene, según su nivel económico, acceso limitado a estas mejoras.

Las megalópolis, como se apunta en el relato, son bastante herméticas, y el mero hecho de mudarse es complicado y requiere de un largo proceso burocrático. Este hermetismo funciona como un mecanismo más de control y manipulación. ¿Qué hay fuera de las ciudades? Según la versión oficial, zonas de exclusión muy contaminadas donde la vida humana es inviable, pero es legítimo pensar que sea una mentira para infundir miedo y mantener el control sobre una población que jamás se planteará dejar la seguridad de las grandes urbes para enfrentarse a lo que pueda acechar afuera. ¿La verdad? El lector deberá decidir cuál es, ese aspecto forma parte del misterio de la novela.

7) Algunos de los personajes que describes son muy carismáticos, como es el caso de “Fuego Rápido” ¿En qué o en quiénes te inspiras para crearlos?

La inspiración para los personajes no suele ser unitaria: a veces es otro personaje que has visto en el cine o has leído en un libro y te ha impresionado (lo que no significa que lo utilices tal cual, pero sí que se convierta en la base a partir de la cual construyas el tuyo); en otras ocasiones, viene a través de una imagen, un concepto, una melodía incluso. Pero en mi caso, encuentro que a menudo lo que favorece la introducción de algunos personajes es la mera dinámica y necesidades de la obra.

Algo que me resulta fascinante del proceso de escritura es que siempre comienzo con un plan, pero que, al avanzar en la historia, descubro huecos en el esquema original o caminos diferentes por los que podría avanzar la trama y que a mi juicio la enriquecen notablemente. Al recorrer esos caminos surgen personajes imprevistos pero que, tras ser definidos, dan la sensación de haber estado siempre ahí y de ser imprescindibles para la historia.

En concreto, Fuego Rápido está construido a partir de la necesidad de contar con un pirómano en el elenco de la obra, de un concepto —el del pandillero matón, arrogante y sin escrúpulos—, y de una imagen que he visto en más de una película: la de alguien que prende fuego a un coche que previamente ha rociado de combustible o deja caer un cigarrillo encendido en un charco de gasolina.

8) En Hijos del río, además de una detallada y brillante descripción de la estructura social en la que viven los personajes, incorporas ideas que, aparentemente, podrían tener un mayor desarrollo, como la descripción de las mejoras genéticas de las élites o los medios y métodos de control social que utilizan. ¿Has pensado en ampliar estas ideas en futuras obras?

Tengo varios relatos distópicos esbozados o a medio escribir (como he explicado, cuando la ansiedad por el futuro me asalta, me surgen ideas para proyectos de este tipo). En ellos, los métodos de control social adquieren especial relevancia en la trama.

9) El tono ecologista predomina en tu relato aún más que el social. ¿Es tu opinión? ¿Puedes describirnos dónde crees que debe situarse la línea que separe progreso y ecología?

Creo que ambas cuestiones son relevantes en la obra, si bien la preocupación por el medio ambiente fue la chispa que hizo brotar la idea inicial, en concreto, el incendio del vertedero de neumáticos de Seseña. Ese desastre me sumió en un estado de ánimo mezcla de tristeza y rabia, y de ahí surgió Hijos del Río.

En cuanto al límite entre progreso y ecología, no creo que ambos sean excluyentes, sino más bien al contrario: el progreso técnico puede ayudar mucho a la conservación del medio ambiente, así que no veo que se trate tanto de eso como de un adecuado uso de los recursos y del acceso generalizado de la población a estos adelantos técnicos que podrían convertirse en aliados de la ecología, como coches eléctricos o viviendas de alta eficiencia energética.

10) Imagino que tu profesión puede proporcionarte una ventaja si decidieras cambiar de género y escribir, por ejemplo, novela histórica. ¿Tienes algún proyecto en ese sentido?

En todo caso, puede suponerme una ventaja a la hora de ambientar mundos fantásticos. La fantasía clásica ha sido mayoritariamente medieval, y creo que uno de los caminos de renovación del género pasa por abrirse a otro tipo de atmósferas. Ahí la historia te provee de un amplio abanico de posibilidades con las cuales tratar de hacer algo diferente. En ese sentido, en estos momentos estoy reescribiendo la primera parte de una historia de fantasía que tiene su ambientación e inspiración en la Edad Antigua del Próximo Oriente, un mundo un poco más lejano (tanto espacial como temporalmente) que la Europa medieval.

Sin embargo, la novela histórica tiene, a mi entender, unas reglas mucho más restrictivas. Tal vez el hecho de haber estudiado Historia me hace consciente de lo difícil que resulta ajustarse a todos los parámetros de una época concreta a la hora de escribir: no es sólo la ambientación o la introducción de la política de la época; se trata de reflejar con verismo usos y costumbres, relaciones sociales, viviendas, vestuario, armamento, etc. La novela histórica requiere horas y horas de documentación en archivos y manejar cientos de variables temporales, y el hecho de enseñar historia en Secundaria no exime de esa labor. La fantasía, por el contrario, es mucho más libre, permite escoger los elementos que te gustan y cambiar los que no se ajustan a tu idea, y si hablamos de distopías, que se proyectan en el futuro, el nivel de exigencia es aún más laxo.

11)   ¿Quiénes son tus autores favoritos dentro y fuera de la ciencia ficción? ¿Quiénes de ellos te han influido más a la hora de decidirte a escribir?

El que despertó mi gusto por la fantasía fue, como ya he mencionado, Tolkien. Otros autores que me encantan dentro del género son Sapkowski, Steven Erikson, Robert E. Howard o, combinando ya fantasía con humor, el gran Terry Pratchett.

También con un humor bastante gamberro, aunque ya fuera de la fantasía, destacaría a Tom Sharpe, cuya serie sobre el personaje Wilt revisito a menudo. Siguiendo con otros géneros, me gusta mucho Miguel Delibes dentro del realismo y otros autores con géneros de difícil clasificación (¿tal vez realismo mágico?) como Amy Tan o Murakami.

En cuanto a quién me ha influido más a la hora de escribir, fue Tolkien el primero que me hizo pensar «Ojalá fuera capaz de crear un mundo tan fabuloso como la Tierra Media», pero cada autor que descubro y me fascina me da un nuevo impulso, tanto por la historia que cuenta como por las características de su prosa, que me animan a mejorar mi escritura.

 

12)   ¿Qué le aconsejarías a un escritor novel cuando se enfrenta a su primera página en blanco?

Ante todo, que lea mucho, tanto de su género como de otros tipos de literatura. Leer, además de estimular la imaginación, permite asimilar formas de redacción, esquemas de tramas, tipologías de personajes, recursos narrativos, etc. Además, existen muchas maneras de pulir el estilo, tanto los clásicos talleres presenciales de literatura creativa como un amplia oferta online de estos mismos talleres, así como páginas webs, blogs e incluso canales de vídeos con consejos para escritores que permiten identificar y evitar los principales errores a la hora de escribir, ayudan con la creación de personajes, la ambientación, etc.

Y aparte de todo esto, armarse de paciencia. Mucha paciencia. Con la excepción de autores virtuosos, que los hay, la mayoría necesita de mucha práctica, de mucho ensayo-error, de mucha reescritura y de alguna que otra página metida en el cajón a la espera de una revisión futura, un replanteamiento o el olvido, aunque resulte doloroso.

13)   ¿Qué opinas de los concursos literarios?

Me parece una manera muy válida de probarse a sí mismo y darse a conocer en el mundo de la escritura, aunque creo que requieren ciertas habilidades, como ceñirse a una temática determinada y hacerlo en una extensión definida, que no se ajustan a todas las personalidades ni a todos los procesos creativos.

14) La introducción de un elemento esotérico en una narración que destaca por su pragmatismo sorprende y añade un toque de fantasía al conjunto, enriqueciéndolo. ¿Qué fue lo que te impulsó a hacerlo, rompiendo con la línea general de la novela?

Tengo una gran tendencia a la fantasía, a irme por derroteros mágicos, míticos o sobrenaturales. Sin embargo, en este caso existe un factor añadido para la introducción de este componente esotérico.

A menudo se entiende la Tierra como un organismo vivo que se autorregula para alcanzar el equilibrio (hipótesis Gaia) mediante una serie de dinámicas explicables por procesos físico-químicos. El elemento sobrenatural de Hijos del río sería una personificación de esos procesos.

Uno de sus objetivos es ahondar en el sentimiento de venganza o revancha, que sólo tiene sentido si se lo atribuimos a un ente provisto de conciencia, no a causas impersonales. El otro, animar al lector a jugar con su imaginación mientras responde a la pregunta «¿y si hubiera algo de verdad en las antiguas leyendas?» del mismo modo en que lo hacía la serie Expediente X con los ovnis u otros fenómenos paranormales.

15) El tono general de “Hijos del río” es pesimista en cuanto al futuro de la humanidad. ¿Qué crees que deberíamos hacer para cambiarlo?

Una cuestión bastante difícil de resolver, mucho más sin ser una experta, como sucede en mi caso, pero al fin y al cabo, todos tenemos alguna que otra idea, por muy imprecisa e inviable que sea, sobre cómo salvar el mundo.

Yo creo que la gestión de los recursos y la aspiración a un crecimiento económico  continuo son los mayores problemas para el medio ambiente y, por tanto, para nuestro futuro como especie.

¿Cuáles serían las soluciones? En el mundo desarrollado, creo que pasarían por una concienciación individual de los ciudadanos para eliminar actitudes de consumismo compulsivo y un compromiso medioambiental de los sectores productivos y políticos mucho más amplio que el relativo al control de las emisiones, que debería incluir un cambio de modelo económico. En el mundo subdesarrollado y en vías de desarrollo, me parecería necesaria la consecución de una autonomía económica de los estados, acompañada por un efectivo control de la natalidad. ¿Cómo lograr estos objetivos sin conculcar los derechos y libertades individuales? No tengo respuestas a eso, son cuestiones muy complejas que, probablemente, se conviertan en el gran reto ético que enfrente nuestro tiempo.

 

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