Blogger Invitado: ASÍ DEBE SER EL PRIMER MUNDO, Álvaro Mejía alrededor de Paulet

Elevating the story of Pedro Paulet, space pioneer

Como es habitual en estos espacios virtuales, en donde compartimos experiencias, placeres e intereses, con seres afines a nuestros radares de atención, en esta ocasión  cedo esta entrada de mi blog al cineasta Álvaro Mejía del Perú, quien nos comparte en este artículo algo de sus pesquisas alrededor del ingeniero Pedro Paulet, reconocido pionero espacial por el desarrollo del motor cohete bipropelente (proyecto del avión-cohete) y su aporte del ala  doble delta; asimismo, los acercamientos que esta obsesión le ha procurado con otros obsesos de la historia del futuro y el Universo, como es el caso de su correspondencia con el editor de Amazing Stories, Steve Davidson, quien a su vez, maravillado al descubrir el tema, escribió para esta misma publicación el artículo: COSAS ASOMBROSAS: El avión de Torpedo de Pedro Paulet (AMAZING THINGS: Pedro Paulet’s Torpedo Plane )

la lonchera metálica conmemorando la llegada a la luna, con la que Mejía iba a la escuela

Álvaro Mejía es  licenciado en Comunicación. Magíster en Educación y Detective autodidacta del pasado. Miembro Correspondiente del Instituto de Estudios Históricos Aeroespaciales del Perú, adscrito al Ministerio de Defensa. Además es Miembro Correspondiente del Centro de Estudios Histórico-Militares del Perú, adscrito al Ejército Peruano.

ASÍ DEBE SER EL PRIMER MUNDO

Escribe: Álvaro Mejía

El 2016, le escribí por Facebook a Amazing Stories, preguntando de qué manera podía obtener algunas de las carátulas de su revista de los años 1920 para incluirlas en mi documental sobre el pionero del espacio Pedro Paulet.

A los pocos días, me respondió un tal Steve Davidson, preguntándome si yo había enviado tal mensaje. Cuando le conté a mi compatriota, el escritor Daniel Salvo, el gurú de la ciencia ficción en el Perú, me dijo “¡Es el CEO de Amazing Stories!”. Algo así como que yo había conseguido hablar con alguien inaccesible.

Pedro Paulet y Steve Davidson en un mismo lugar

Al parecer, había tocado la tecla mágica. Como le dije a mi amigo Luis Cermeño, quien me invitó gentilmente a contar ese encuentro, “Paulet te da alas”. Paulet fue un peruano que, en 1900, inspirado en la novela “Alrededor de la Luna”, de Julio Verne, que había leído en su infancia, inventó el primer motor-cohete espacial de la historia cuando, jovencito, estudiaba ingeniería química en La Sorbona de París. Y Verne vivía. O sea que, de todos los pioneros aeroespaciales, fue el único que pudo conocerlo en persona. Quizá eso llamó la atención de Steve.

 

Pero, no solo eso. También le conté que el Perú estaba por lanzar su primer satélite profesional, el Perú Sat-1, como ocurrió a fines de ese año. Debe haberle impresionado porque ofreció escribir un artículo sobre la experiencia aeroespacial peruana. Y así lo hizo. Sacó en su web una nota y me mencionó como autor del documental sobre el desconocido Paulet, de quien me dijo, en tono risueño, que fue “Wernher antes que Wernher”, en alusión al alemán Wernher Von Braun, gestor del proyecto Apollo y de la Conquista de la Luna.

Durante ese primer chat, él -a quien en algún momento llamé David y se rió porque suelen decirle David Stevenson- fue muy cordial. Me explicó que varias carátulas de la revista de aquellos años eran de dominio público y que bastaba con que le dijera cuáles me interesaban y que, si alguna tenía derechos reservados, podía intentar gestionar su uso para mi documental.

icónica carátula de Amazing Stories que incluía el cuento I, Rocket de Bradbury

Así debe ser el Primer Mundo. “Si estuvieras en otro país, ya te hubieran financiado la investigación”, me dicen algunos. Así le deben haber dicho a Paulet, pero él era un patriota. A decir verdad, yo estaba algo sorprendido por la deferencia de Steve. En mi país, se suele maltratar a la gente que se dedica a la cultura y Paulet, personaje desconocido para la mayoría de peruanos, a veces es motivo de burlas.  ¿Es que quién va a creer que un peruano puede ser pionero aeroespacial? Y si no lo creen los peruanos, ¿qué será de los norteamericanos? Como fuese, ahí estaba yo, atendido con amabilidad por el CEO de la legendaria Amazing Stories, un norteamericano a quien le interesaba lo que le contaba y me atendía sin prejuicios.

Para Mejía esta publicación en Diario La Prensa, en 1910, es la prueba de que Paulet fue el primero en comunicar su invento.

Para los escépticos, a Steve le envié un documento con las referencias bibliográficas, obtenidas en más de 15 años de trabajo casi arqueológico, del impacto que había causado el invento del peruano en Europa, especialmente en Alemania, desde 1928 en adelante, antes de que Hitler fuera Canciller y antes de que se crearan los misiles V2 con tecnología similar. Años en que, dicen, el maduro Paulet y el joven Von Braun se hicieron amigos, como quizá se hicieran amigos el joven Paulet y el anciano Verne. Los años 1920, los mismos años en que en las carátulas de Amazing Stories se lucían naves voladoras de fantasía, muy similares al Avión Torpedo, el avión-cohete propuesto por Paulet, cuyo motor-cohete empezó a ser apetecido. Un mágico viaje desde Julio Verne a las Amazing Stories.

Mejía sostiene una placa de vidrio que conmemora el avión torpedo, encontrada en un anticuario en el 2018. La Biblioteca Nacional del Perú la ha fechado entre 1910 y 1920.

He tenido varias charlas no muy largas con Steve, siempre a través del chat. En una de ellas, le propuse ser uno de mis entrevistados. Al principio, en broma, dijo que era desdentado. Luego aceptó. No sé si somos grandes amigos, pero sé que cuento con su apoyo.

Y, para no aburrir más, cierro con esto.

Nací en enero de 1966, meses antes de que Von Braun y su socio Frederick I. Ordway III publicaran “Historia de la Cohetería y los Viajes al Espacio”, donde relativizaban el trabajo de Paulet.

En julio de 1969, cuando Armstrong dio “un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para la Humanidad”, los motores del Módulo Lunar habían empleado tetraóxido de nitrógeno, el oxidante propuesto por Paulet en su motor y que se convertiría en el oxidante estándar (mucho después lo usarían, entre otros, el Curiosity o la Sonda Juno y, claro, el satélite peruano).

En julio de 1969, no solo no le dieron crédito, sino que, tres meses después, Ordway fue a un congreso astronáutico en Mar del Plata, Argentina, a darle el tiro de gracia. Los peruanos estábamos distraídos con la reforma agraria, que sacaría al campesinado indígena del Medioevo. Pero eso es otra historia.

Lunch box, thermos. 2001.3087.14.01, 2001.3087.14.02.

Dos años después, en 1971, me enviaron a la escuela con una lonchera metálica con figuras en relieve de la llegada a la Luna. Tenía cinco años, pero ahora comprendo que era un símbolo. Me estaban encomendando una misión: mantener viva la memoria de Paulet. “Star Wars” y secuelas de por medio, tenía que aprender cómo narrar con imágenes la gesta del compatriota. Y acá sigo, patrióticamente fiel a la misión.


El resumen más potente sobre la investigación que ha realizado Álvaro Mejía sobre Pedro Paulet: Pionero del Espacio

Trailer de la película en proceso Paulet: El niño que soñaba con La Luna.

 

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